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Lista de frutas de verano en España: las más frescas y saludables del verano

Lista de frutas de verano en España

Descubre esta Lista de frutas de verano en España: las más frescas y saludables del verano, sus propiedades y cómo disfrutarlas en su mejor momento.

Con la llegada del calor, los mercados españoles se llenan de colores, aromas y sabores difíciles de encontrar durante el resto del año. Esta Lista de frutas de verano en España: las más frescas y saludables del verano reúne las opciones más habituales entre junio y septiembre, desde la sandía y el melón hasta los melocotones, las ciruelas, los higos y las primeras uvas. Consumirlas enteras permite aprovechar su agua, fibra, vitaminas y compuestos antioxidantes, además de disfrutar de un producto que suele encontrarse en mejores condiciones cuando está en plena temporada.

Sandía

La sandía es una de las grandes protagonistas del verano. Su elevado contenido en agua y su sabor dulce la convierten en una opción especialmente apetecible durante los días calurosos.

Puede tomarse sola, recién sacada de la nevera, aunque también funciona bien en ensaladas con queso fresco, gazpachos suaves, brochetas o batidos. Su color rojo se debe en gran parte al licopeno, un pigmento antioxidante presente también en el tomate.

Para elegir una sandía madura, conviene observar la mancha que ha estado apoyada en el suelo. Cuando tiene un tono amarillento o crema suele indicar que la fruta ha madurado correctamente. También debe sentirse pesada en relación con su tamaño.

Una vez abierta, debe conservarse tapada en el frigorífico y consumirse en pocos días.

Melón

El melón es otra fruta estrechamente ligada a los meses de verano. En España encontramos variedades como piel de sapo, galia, cantalupo o amarillo, cada una con una textura y un grado de dulzor diferente.

Aporta agua, fibra y micronutrientes, aunque su principal atractivo está en su sabor refrescante. Puede servirse como postre, desayuno o tentempié, acompañado de yogur natural o incorporado a ensaladas.

Un melón maduro suele desprender un aroma suave en uno de sus extremos y ceder ligeramente al presionarlo, sin estar blando. Si se compra entero puede mantenerse fuera del frigorífico hasta que alcance el punto deseado. Después de cortarlo, debe guardarse refrigerado.

El clásico melón con jamón continúa siendo una combinación popular, pero no es la única posibilidad. También se puede preparar con pepino, menta y queso para crear una ensalada ligera.

Melocotón

El melocotón destaca por su aroma, su pulpa jugosa y su piel aterciopelada. Dependiendo de la variedad, puede presentar carne amarilla, blanca o ligeramente rojiza.

Es una fruta rica en agua y fibra, especialmente cuando se consume entera y con la piel bien lavada. También aporta vitamina C y carotenoides en cantidades variables.

Puede comerse al natural, añadirse a yogures y ensaladas o cocinarse ligeramente a la plancha. Cuando está maduro combina muy bien con queso fresco, frutos secos, canela o una pequeña cantidad de chocolate negro.

Debe elegirse sin golpes y con un aroma agradable. Si todavía está duro, puede dejarse unos días a temperatura ambiente. Cuando alcanza el punto de maduración adecuado conviene trasladarlo al frigorífico para ralentizar su deterioro.

Nectarina

La nectarina pertenece a la misma especie que el melocotón, pero tiene una piel lisa y brillante. Su pulpa puede ser amarilla o blanca y su sabor oscila entre dulce y ligeramente ácido.

Es cómoda de transportar y comer, por lo que funciona muy bien como tentempié fuera de casa. También puede cortarse en trozos para acompañar cereales, yogur o una ensalada de hojas verdes.

Al comprarla, debe tener una textura firme, pero no completamente dura. Una nectarina excesivamente blanda puede estar pasada, mientras que una demasiado verde tendrá menos aroma y sabor.

Aunque muchas personas creen que se trata de un cruce entre melocotón y ciruela, en realidad es una variedad natural de melocotón caracterizada por la ausencia de vello en la piel.

Albaricoque

El albaricoque aparece desde finales de primavera y alcanza uno de sus mejores momentos al comienzo del verano. Es pequeño, aromático y de color naranja, con una pulpa más firme y menos jugosa que la del melocotón.

Su tonalidad se relaciona con la presencia de carotenoides. También aporta fibra y diferentes vitaminas, dentro de una alimentación variada.

Puede consumirse fresco, aunque se utiliza igualmente en compotas, mermeladas, bizcochos y salsas para platos salados. Para conservar mejor sus propiedades y evitar añadir azúcar, lo más sencillo es tomarlo entero.

Los albaricoques maduros deben presentar un color uniforme y ceder ligeramente al tacto. Conviene manipularlos con cuidado porque se golpean con facilidad.

Cerezas

Las cerezas tienen una temporada relativamente breve, lo que hace que sean especialmente esperadas. Suelen encontrarse desde finales de primavera hasta buena parte del verano, dependiendo de la variedad y la zona de cultivo.

Aportan agua, fibra, vitamina C y pigmentos antioxidantes llamados antocianinas, responsables de sus tonos rojos y morados.

Es importante recordar que su hueso no se come y que deben ofrecerse con precaución a los niños pequeños. Las cerezas enteras pueden suponer riesgo de atragantamiento, por lo que deben prepararse de manera adecuada según la edad.

Para conservarlas, es mejor guardarlas sin lavar en el frigorífico y limpiarlas justo antes de consumirlas. Deben presentar una piel firme y brillante, con el tallo verde y bien unido.

Picotas

Las picotas son un tipo de cereza que se comercializa normalmente sin rabito porque este queda unido al árbol durante la recolección. No todas las cerezas sin tallo pueden considerarse picotas.

Suelen tener un tamaño más pequeño, una textura firme y un sabor intenso. Las más conocidas proceden del Valle del Jerte, aunque existen diferentes producciones y variedades.

Al igual que otras cerezas, funcionan bien como postre, en macedonias o acompañando yogur natural. También pueden emplearse para preparar salsas destinadas a carnes o quesos.

Conviene distinguir la ausencia natural del pedúnculo de una cereza a la que se le ha retirado después, ya que esta última puede conservar peor su frescura.

Ciruela

La ciruela puede ser amarilla, roja, verde, azulada o morada. Su sabor también cambia según la variedad: algunas son muy dulces y otras mantienen un punto ácido.

Es conocida por su contenido en fibra y por su capacidad para formar parte de una dieta favorable al tránsito intestinal. Este efecto no debe interpretarse como una solución médica, pero sí como una ventaja de consumir fruta entera de manera habitual.

Las ciruelas pueden tomarse frescas, añadirse a ensaladas o cocinarse para preparar compotas. Las versiones desecadas concentran los azúcares y las calorías, por lo que la ración no es equivalente a la de la fruta fresca.

Una ciruela madura debe ceder ligeramente cuando se presiona, pero conservar la piel intacta y sin zonas excesivamente blandas.

Paraguayo

El paraguayo, también llamado melocotón plano, se reconoce por su forma achatada. Tiene una piel aterciopelada y una pulpa dulce, jugosa y muy aromática.

Su tamaño facilita llevarlo al trabajo, a la playa o de excursión. Aporta nutrientes similares a los del melocotón y puede utilizarse en las mismas preparaciones.

Es habitual encontrar paraguayos de pulpa blanca, aunque existen diferentes variedades. Para disfrutarlos en su mejor punto, deben tener un aroma perceptible y una textura ligeramente blanda.

Se pueden combinar con queso batido, yogur, frutos secos o copos de avena para preparar un desayuno o merienda sencilla.

Higos y brevas

Aunque proceden de la misma higuera, las brevas y los higos no aparecen exactamente en el mismo momento. Las brevas suelen recogerse al comienzo del verano, mientras que los higos alcanzan su mejor temporada hacia agosto y septiembre.

Son frutas dulces, tiernas y con pequeñas semillas comestibles. Aportan fibra y distintos minerales, pero también contienen una proporción de azúcares mayor que algunas frutas especialmente acuosas. Esto no significa que deban evitarse, sino que conviene consumirlas dentro de una dieta equilibrada.

Combinan muy bien con yogur, queso, frutos secos o ensaladas. También pueden colocarse sobre una tostada integral con queso fresco.

Son delicados y duran poco. Deben elegirse maduros, sin moho ni golpes, y conservarse refrigerados.

Frambuesas

Las frambuesas son frutas pequeñas, aromáticas y ligeramente ácidas. Dependiendo de la zona y del sistema de cultivo, pueden encontrarse durante diferentes momentos del año, aunque el verano es una época habitual para disfrutarlas.

Destacan por su contenido en fibra y por sus pigmentos antioxidantes. Su textura delicada hace que deban manipularse con cuidado y consumirse poco después de comprarlas.

Funcionan bien con yogur natural, gachas de avena, queso fresco o chocolate negro. También pueden triturarse para crear una salsa sencilla sin necesidad de añadir grandes cantidades de azúcar.

No conviene lavarlas hasta el momento de consumirlas, ya que la humedad acelera su deterioro.

Moras

Las moras comienzan a aparecer con más fuerza hacia el final del verano. Pueden proceder de cultivos o crecer de forma silvestre en zarzas.

Su color oscuro indica la presencia de antocianinas y otros pigmentos vegetales. Aportan fibra y tienen un sabor que combina dulzor y acidez.

Cuando se recogen en el campo, es fundamental evitar zonas cercanas a carreteras, lugares tratados con productos químicos o terrenos donde pueda existir contaminación. También deben lavarse cuidadosamente antes de comerlas.

Pueden incorporarse a macedonias, yogures, batidos espesos o postres caseros. Como otras frutas del bosque, se estropean con rapidez y deben mantenerse refrigeradas.

Pera de verano

Aunque asociamos la pera con casi todo el año, existen variedades de verano como la ercolina o la limonera. Suelen ser jugosas, dulces y de textura más tierna que otras peras de conservación.

Aportan agua y fibra, especialmente si se toman con la piel bien lavada. Son fáciles de digerir para muchas personas y funcionan bien como fruta de media mañana o merienda.

Una pera madura debe ceder ligeramente en la zona cercana al tallo. Si está completamente dura, puede dejarse a temperatura ambiente unos días.

También puede cortarse en ensaladas, acompañarse con nueces o cocinarse brevemente con canela.

Uvas

Las uvas empiezan a ganar protagonismo al final del verano, aunque su temporada continúa durante el otoño. En España se cultivan numerosas variedades de mesa, blancas, verdes, rojas o negras.

Aportan agua, azúcares naturales y compuestos vegetales antioxidantes. La piel y las semillas de determinadas variedades concentran parte de estos componentes.

Deben lavarse bien justo antes de consumirlas. En niños pequeños, las uvas enteras presentan riesgo de atragantamiento, por lo que deben cortarse longitudinalmente y adaptarse a su edad.

Pueden comerse solas, congelarse para obtener un tentempié frío o combinarse con queso y frutos secos.

Cómo preparar una macedonia de temporada

Una macedonia veraniega no necesita azúcar añadido si se utilizan frutas maduras. Se puede combinar sandía, melón, melocotón, nectarina, ciruela y algunas cerezas sin hueso.

Para aportar aroma, basta con añadir unas hojas de menta, zumo de limón o ralladura de naranja. Conviene prepararla poco antes de consumirla para conservar mejor la textura.

Si se guarda, debe mantenerse en un recipiente cerrado dentro del frigorífico. No es recomendable dejar la fruta cortada durante horas a temperatura ambiente, especialmente en días muy calurosos.

La macedonia permite aprovechar piezas maduras, pero no deben emplearse frutas con moho o signos de deterioro profundo.

Fruta entera o zumo

Aunque un zumo casero pueda formar parte ocasional de la dieta, no equivale a comer la fruta entera. Al exprimirla se pierde parte de la fibra y resulta más fácil consumir varias piezas en pocos minutos.

La fruta entera obliga a masticar, suele resultar más saciante y mantiene mejor su estructura natural. Un batido que conserva toda la pulpa es diferente a un zumo filtrado, aunque tampoco debe desplazar de forma habitual al consumo de piezas completas.

Durante el verano, una buena opción es llevar fruta lavada y preparada en un recipiente refrigerado. Así se evita sustituirla por refrescos, helados o productos menos interesantes desde el punto de vista nutricional.

Cómo conservar la fruta durante el calor

El calor acelera la maduración y el deterioro. Las piezas que todavía están verdes pueden dejarse a temperatura ambiente, mientras que las maduras deben trasladarse al frigorífico.

La fruta cortada debe guardarse tapada y refrigerada. También es importante lavar las manos, los utensilios y la superficie utilizada para prepararla.

No conviene lavar todas las frutas antes de almacenarlas, especialmente las cerezas, frambuesas, moras y otras piezas delicadas. La humedad puede favorecer la aparición de moho. Es preferible limpiarlas justo antes de comerlas.

Comprar cantidades razonables y planificar su consumo ayuda a disfrutar la fruta en buen estado y a reducir el desperdicio.

Cómo aprovechar las frutas demasiado maduras

Una fruta madura no tiene por qué terminar en la basura. Los melocotones, nectarinas o ciruelas blandos pueden convertirse en compotas sin azúcar añadido. El melón y la sandía pueden congelarse en trozos para preparar granizados.

Las frutas del bosque funcionan bien en salsas, mientras que los higos pueden cocinarse o añadirse a una tostada. También es posible congelar porciones limpias para utilizarlas posteriormente.

No debe aprovecharse una fruta con moho simplemente retirando la parte visible, especialmente cuando es blanda y contiene mucha agua. En esos casos, la contaminación puede haberse extendido más allá de la zona que se observa.

Disfrutar de las frutas de verano en su momento permite variar la alimentación, descubrir distintos sabores y aprovechar productos especialmente frescos. La mejor elección será aquella que combine temporada, madurez, buena conservación y variedad, sin necesidad de buscar una única fruta perfecta.

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